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imageAmritsar, 2/7/14

–Haleluyha!

No pregunté su nombre ni de dónde venía pero su bendición me acompaña y su imagen ha quedado digitalizada en mi cámara y en mi memoria.

imageHablamos. No sé qué nos dijimos. Vino a mí con su hija, sus nietos, su larga y colorida familia. Toda de blanco, como una estampilla de Fátima. Vestida con una sonrisa que apergaminaba aún más su ya de por sí envejecida piel. Sus manos me hablaban, me tocaban,  me conectaban a ella. Sus ojos se abrían jóvenes en su rostro anciano y sus palabras me sonaban familiares y extrañas a la vez.

–Namasté

–Namasté -le respondí juntando mis palmas en oración e inclinando mi cabeza ante ella con respeto.

–Gurdwara Harmandir Sahib -creí entender que dijo.

–Sí, sí, Gurdwara. Fuimos al templo. Al Golden Temple de los Sikh. Todo de oro. Nos gustó mucho. We loved it. -Dije yo, en español e inglés mientras cruzaba mis brazos en forma de equis sobre mi pecho, en reverencia ante la belleza de ese magnífico lugar que mi amiga Kirsty y yo habíamos visitado el día anterior.

–¿Gurundara? -Balbuceé intentando pronunciar en hindi la palabra templo.

–Gurd-wa-ra -me corrigió ella- Gurdwara Harmandir Sahib -asintió complacida con el nombre completo. -Haleluyha!

–¡Aleluya! -repetí yo.

Me miraba a los ojos cuando me hablaba y sostenía mi mano entre las suyas. Podía sentir la suavidad de su firme apretón, sus dedos finos, sus largos huesos. Yo, sentada sobre la hierba con mis piernas cruzadas. Ella, de cuclillas, doblando en ángulos imposibles sus rectas y delgadas extremidades. Me bendijo. Derramó sus oraciones de protección y gracia sobre mí. Me adoptó sin más. Como si fuera parte de su clan. Y yo la escuchaba y la entendía.

–Soy de España. I am from Spain.

–Spain? Haleluyha! -(Y abría sus manos monstrándome sus palmas hacia arriba)

–Aleluya -correspondía yo, y continuaba dialogando con ella- Tiene una hermosa familia. ¿Sus nietos? Grandchildren? Muy guapos.

Y ella empujaba al más pequeño hacia mí para que yo lo abrazara. Acabábamos de conocernos. No hablábamos el mismo idioma. Pero me sentía halagada por la confianza que depositaba en mí. Y yo en ella. En todos.

Qué momento especial. Cuando Kirsty y yo entramos en el parque esa mañana no esperábamos ser acogidas con tanto cariño. Jallianwalla Bagh es una zona ajardinada en Amritsar, al norte de la India. Una llama encendida y un monumento honorífico conmemoran las 1500 víctimas civiles sacrificadas allí mismo en 1919 cuando el ejército inglés abrió fuego contra ellos.

–Today I am from the United States -susurró mi amiga inglesa. Kirsty no quería que la vieran como el enemigo, no quería sentirse responsable por tantas muertes.

–Sure, your American accent is almost as good as mine -bromeé yo, haciendo referencia a su perfecta pronunciación británica y a mi marcado acento español a la hora de hablar en inglés.

Sin embargo, no teníamos nada que temer. Nuestra piel y nuestras facciones occidentales llamaban la atención en una ciudad a la que los turistas extranjeros no parecían asomarse. Apenas nos vieron empezaron a pedirnos fotos. Grupos enteros hacían cola para posar ante sus cámaras dándonos la mano, sentados en medio de las dos, o pidiéndonos que nos retratáramos con sus hijos.

La mujer de blanco se acercó más tarde. Kirsty y yo, intentando apartarnos de la curiosidad que habíamos despertado, habíamos ido a refugiarnos a una zona alejada del jardín, a la sombra de unos arbustos. Pero la tranquilidad nos duró poco. La anciana y toda su familia caminaron apresurados a nuestro encuentro. No tenían cámaras de fotos, sólo querían estar próximos a nosotras, mirarnos, tocarnos, aceptarnos entre ellos.

Cuando la mujer hablaba conmigo intenté explicarle lo mucho que amaba India. Era tan agradable mantener una conversación con ella. Habíamos salvado las distancias culturales y las barreras lingüísticas. Nos comprendíamos a un nivel diferente. Le enumeré los lugares que había visitado y que podían resultarle conocidos: Delhi, Jaipur, Agra. Ella asentía y sonreía.

–Delhi, Agra -repitió.

–Sí, sí. Y el Taj Mahal es mi edificio favorito -le confesé- precioso. Pero de todas las ciudades Amritsar es la que me ha cautivado espiritualmente. El Golden Temple es especial. Gurdwara Harmandir Sahib es especial.

–Haleluyah! Volvió a exclamar ella con regocijo.

–¡Aleluya!

Anciana con su nieto

Anciana con su nieto

Jallianwalla Bagh, memorial park

Jallianwalla Bagh, memorial park

 

 

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