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Ixlú 24
Tikal 59
 

La carretera ribeteada de verde a ambos lados. La furgoneta decorada con un par de banderas guatemaltecas adheridas al parabrisas junto a un lagarto amarillo de goma y un rabo de conejo colgando del cuello del reptil. Destino: Tikal. Hora aproximada de llegada: Saaaaabé (¡a saber!)

Tikal 34
Maneje con precaución
 

Unas vacas escuálidas pastan entre dos milpas. El vehículo pega un brusco bote sobresaltando a todos los ocupantes.

–¿Qué fue eso? -pregunta Elena a mi izquierda.

–Es un túmulo -responde el conductor.

–¿Túmulo?

–Sí, están en cada pueblo. Se habla de que los van a quitar. El otro día oí que decían que habían echado hasta 25 sacos de cemento en uno de ellos.

Poblado próximo
Ixlú
Puente sobre el río Ixlú
 

Tantito más tarde atravesamos El Remate, al otro lado del lago de Petén Itzá, frente a Flores. Nuestro guía entra entonces en la furgoneta. Se llama Rubén y nos anuncia que vamos a ver atardecer desde lo alto de un templo o de la pirámide del Mundo Perdido. Rubén empieza con sus explicaciones:

–Tikal está dentro de una jungla, un parque natural conocido como la reserva de la biosfera maya. 21.000 kilómetros cuadrados. Un mar verde, el tercer pulmón del mundo después de Amazonia y Australia.

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5:55pm Templo IV

No pasar
Estructura inestable. 
 

El sol en el oeste comienza a enrojecer. Subidos en lo alto del templo, después de 196 escalones de marcha, los guardas nos dejan entrar por debajo de las balizas que prohíben el paso. La parte trasera del edificio es la única orientada hacia el atardecer. El mar verde que nos describía Rubén en la furgoneta se extiende frente a nosotros. Somos un grupo variopinto: mis compañeras de voluntariado, Elena y Tania, vienen de Barcelona. Zach, canadiense, se ha unido a nosotras a ver si puede aprender catalán con ellas y añadirlo así a la larga ristra de idiomas que ya conoce. Itzíar y Merche viven también en la ciudad condal, aunque Merche es de Huesca. Hay además una pareja de Nueva Zelanda, algunos americanos, un belga y un par de franceses. Todos con la vista clavada en la distancia, en la perfecta esfera que se acerca cada vez más deprisa a las montañas del fondo. A las 6:07pm el color del sol es casi púrpura. Un rojo encendido que me hace pensar en África, a pesar de que nunca he estado allí. ¿Y no es este el mismo sol? ¿Idéntico al que se oculta cada día en cada lugar? No, no lo es. Cada atardecer es único, cada momento efímero. Cada historia, pasajera.
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